Ha llegado el equinoccio de otoño en el hemisferio norte y de primavera en el hemisferio sur con la mitad de los planetas retrógrados. Llegamos hasta aquí habiendo vivido los dos tercios de este año 2020 con pruebas personales que han supuesto grandes envites a modificar estructuras de diversa índole en nuestra psicología personal. El equinoccio nos recibe y nos invita a adentrarnos en la dualidad simbólica del “siembra y cosecharás” de la primavera y el  otoño, para que evaluemos nuestros resultados y proyectemos nuestros nuevos deseos. 

Además de la Gran Conjunción que sigue condicionando nuestro mapa astrológico, hay cuatro aspectos en el cielo que podrían ser vitales en este inicio de nueva estación. Júpiter es un gran protagonista en este punto de la trama, junto a los Nodos, Venus y Marte. Nos movemos en un terreno de potencial de abundancia práctica, ambición enfocada, el logro tras el esfuerzo y la conquista callada pero constante. Estamos en un momento de mucha actividad y mucho movimiento. Les podemos preguntar a los profesores de los colegios que acaban de iniciar el curso escolar en medio de una pandemia. El impulso, el coraje y la iniciativa son parte de los ingredientes, tanto si es para planificar nuestra siembra en el hemisferio sur como si es para recolectar aquello que hemos cuidado con tanto esfuerzo durante todos estos meses en el hemisferio norte.

Hay un reclamo para expresar lo que está contenido a nivel emocional para que pueda concretarse en algo material y tangible, en algo productivo. A nivel colectivo podemos llegar a materializar aquello que nos acerque un poco más al futuro que anhelamos en todos los aspectos que tengan que ver con la cultura y el dinero, con lo que nos gusta y nos da placer, con lo que nos hace sentir atractivos y bellos. El aspecto económico podría pasar a primer plano a medida que el coronavirus pasa a formar parte de una normalidad menos amenazante.

Por último, el Equinoccio nos invita a reflexionar sobre el uso que hacemos de nuestra fuerza vital. No sólo cómo usamos nuestra energía sino hacia dónde la dirigimos. El bloqueo de energía al que ya nos enfrentamos en el confinamiento por la pandemia fue una muestra muy interesante de cómo reaccionamos cuando la energía se limita. Ahí tuvimos la oportunidad de aprender a redirigirla de manera creativa para no introvertirla en sentido destructivo.

El cielo envuelve en estos días, como en un sobre, todo tipo de noticias, de comunicados, de mensajes para que encuentres la inspiración y la motivación de seguir hacia adelante, para que conectes con todos esos recursos que has descubierto en tu despensa en la intensidad de los momentos más duros, para que negocies y llegues a acuerdos sobre todo lo que inicias con el otro y hace que con la suma de los demás llegues más lejos. Ahora es un gran momento en el que aquello que necesitas puede abrazarse con lo que de verdad quieres, y puedes encontrar el mejor camino para lograrlo. La chispa saltó, la llama está prendida. Es el momento de mantener el fuego acogedor de tu interior.

El 22 de septiembre se celebra en el mundo celta Mabon para honrar el cambio de estación y los regalos de la tierra. Es la segunda fiesta de la cosecha. En el hemisferio norte los campos están ya casi vacíos tras la recolecta. La luz cederá su lugar a la oscuridad, el frío se acerca y la tierra se prepara para dormir. En cualquier caso, estés donde estés, el día 22 es un día de celebración, de agradecimiento y de bendición. En este día podemos realizar algún tipo de ritual de agradecimiento, de preparación y de entrega a esta nueva fase del año en la que aún queda tiempo para culminar proyectos y propuestas. Elige la mejor manera de conectar con la tierra, ya que ella es quien se encarga de acoger la nueva semilla, de cuidarla, nutrirla y sostenerla hasta llegar al fruto final. Tú acompañas este proceso y para ti podría ser una oportunidad de reorientación y de sanación.

“Hoy la noche y el día se encuentran para convenir,
saben que hoy uno de los dos ha de partir.
No hay tiempo que perder. No es un día para discutir.
Hoy el día y la noche se juntan para repartir,
saben que nada es eterno, que todo es devenir.
No es tiempo de anteponer. No es un día para balbucir.”
Hoy la noche y el día se abrazan para despedir,
saben que hoy los dos han de cumplir.
Sólo hay tiempo de agradecer. Hoy es un día para sentir.”
Itziar Azkona

 

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